Estamos en el interior de una biblioteca por la que parece haber pasado un tornado. Las mesas están llenas de libros tirados por todas partes y de pronto, de detrás de las librerías, van apareciendo diversos personajes.
TINTÍN: ¿Qué es esto? ¡Milú! ¡Milú! ¿Dónde estás Milú? ¿En qué lugar me encuentro? ¿Y el capitán Hadock?
MORGANA: Esto debe ser un encantamiento misterioso, me han lanzado alguna maldición, estoy segura. Oye, tú, chico, el rubio (a Tintín), ¿Quién eres? ¿Qué hacemos aquí? ¿Eres tú quien me ha traído? ¿Eres un mago? ¿Por qué llevas ese flequillo tan ridículo?
TINTÍN: Mmm, no, no soy un mago, y no tengo ni idea de dónde estamos, pero esto podría ser un buen comienzo para un reportaje, ¿no crees? Mira cómo han dejado este lugar. Alguien ha estado registrando los libros en busca de algún tesoro oculto. Deberíamos comprobar uno a uno qué libros faltan, seguro que en alguno de ellos estaba escondido el plano para hallar las riquezas del Rey Salomón.
MORGANA: Estás loco, chiquillo, el tinte amarillo se te ha subido a la cabeza. ¿Cómo vamos a mirar uno a uno cada libro? Mejor prepararé un encantamiento para averiguar quién nos ha traído aquí y por qué. Nadie se ríe de la poderosa hechicera Morgana.
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