Una mañana del año tres mil cincuenta y dos una muchacha, Claudia Washington, llegaba a las titánicas puertas del edificio Nefertiti, en el centro de negocios Egipto. Este barrio de lujosos e imposibles rascacielos de cristal, se alzaba sobre la base de la pirámide invertida cuyo cono reposaba en la cúspide de un monte de los Pirineos.

Claudia atravesó el umbral achicada por las descomunales dimensiones del edificio, nerviosa por la entrevista que le aguardaba, y aferrándose a aquel reloj que su último novio (aquel trasgo que trabajaba de comercial en una agencia de seguros) le había regalado con motivo de su cumpleaños. El regalo le había encantado, y por ello, de inmediato, rompió con él.
(Continúa leyendo... este cuento en la sección de relatos)
Este texto es una precuela escrita a partir del mini relato de I. A. Ireland, Final para un cuento fantástico

Claudia atravesó el umbral achicada por las descomunales dimensiones del edificio, nerviosa por la entrevista que le aguardaba, y aferrándose a aquel reloj que su último novio (aquel trasgo que trabajaba de comercial en una agencia de seguros) le había regalado con motivo de su cumpleaños. El regalo le había encantado, y por ello, de inmediato, rompió con él.
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