Relatos: Insomnio

Fue el mismo año en que cumplí los quince. Creí que mi madre se había vuelto loca. Llevaba semanas protestando por su insomnio. También mi padre le echaba en cara lo inquietas que eran sus noches, cómo daba vueltas de un lado a otro, le pegaba patadas, resoplaba, encendía la luz, salía al baño y gruñía. No le hacía yo a nada de esto demasiado caso, tenía asuntos más trascendentales en mente: el examen de Matemáticas o el escote de Edurne. Fue después cuando di importancia y grabé a fuego en mi memoria esas protestas nocturnas como los albores de un final insospechado.

Las paredes de casa se llenaron de cuadros de paisajes marinos, de acuarelas derretidas en blanquecinos reflejos de barquitas y anocheceres de lunas llenas mal trazadas. En concreto los cuadritos se amontonaban en los ladrillos que cerraban el salón principal, de allí no escapaban. Permanecía incrédulo e impasible a cómo los cuadros empapelaban las paredes en un mosaico laberíntico donde el mar se volvía protagonista y antagonista. Aquello debería haberme sugerido que algo invisible y enfermizo se había colado en nuestras vidas, pero solo lo observaba con asombro. Mi padre consentía el imposible y yo no dejaba de preguntarme cuándo pintaba mi madre aquellas nimiedades que por su volumen, persistencia e individualidad se volvían genialidades...
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1 comentarios:

Andreu Miralles dijo...

por fin lo has podido vender :D
visitame siempre que puedas ;)