Él:
¿Para qué diantres me quieres si te ignoro la mayoría del tiempo y el poco tiempo que dedico a mirarte o a hablarte, lo centro en humillarte y minusvalorarte? ¿A qué vienen tus miradas enamoradas, si te devuelvo canallas risotadas? ¿Por qué demonios me declaras tu amor, si yo voceo y te declaro profundo odio y repulsión?
Ella:
Porque ni ahora, ni nunca, ni siempre, ni tal vez, ni más tarde, podré jamás evitar amarte hasta desangrarme llorando borbotones de sangre podrida porque tú me ignoras... (continúa)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada