Un relato sobre movimientos sísmicos

Como alambres retorcidos las piernecillas le colgaban temblorosas sobre el vacío. Las curiosas pupilas se asomaban al borde del párpado y se deleitaban en el horrendo amasijo de escombros, muebles, azulejos y muertos enroscados aleatoriamente en torno al agujero que se lo había zampado todo. El primer meneo lo había atribuido a los vecinos que saltaban con cada gol del Barça, tambaleando hasta las lámparas. Con el segundo temblor se le disiparon las dudas de que se trataba de un seísmo. (Continúa leyendo)