En nuestro primer encuentro Alicia vio más de mí de lo que yo hubiera deseado. Vio una parte de mi interior. No estoy hablando en sentido metafórico, vio mi peroné asomando blanquecino y rojizo.Sucedió a las tres de la madrugada, cuando preparaba un salto desde un balcón de un entresuelo al que había trepado, hasta el balcón de enfrente, con el objetivo de colgarme con las manos. Fallé por muy poco. Mis manos se cerraron en el aire, a unos centímetros del objetivo, no atrapando nada más que a ellas mismas.
No pude rectificar la caída ni protegerme con los brazos, desequilibrado terminé rompiéndome. El sonido del golpe y mis gritos de dolor despertaron a una buena vecina anciana que llamó a la ambulancia, de la cual descendió una angelical Alicia.
Continúa...
No pude rectificar la caída ni protegerme con los brazos, desequilibrado terminé rompiéndome. El sonido del golpe y mis gritos de dolor despertaron a una buena vecina anciana que llamó a la ambulancia, de la cual descendió una angelical Alicia.
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