Lectura dramatizada de La Rata en L'Escorxador


El próximo 17 de julio habrá una lectura dramatizada en L'Escorxador, antiguo matadero de Elche, vamos, de La Rata, una obrilla que escribí inspirada en el relato corto homónimo. La entrada es gratuita, así que pocas escusas quedan para no ir y pasar un ratillo de miedo.



Un relato sobre movimientos sísmicos

Como alambres retorcidos las piernecillas le colgaban temblorosas sobre el vacío. Las curiosas pupilas se asomaban al borde del párpado y se deleitaban en el horrendo amasijo de escombros, muebles, azulejos y muertos enroscados aleatoriamente en torno al agujero que se lo había zampado todo. El primer meneo lo había atribuido a los vecinos que saltaban con cada gol del Barça, tambaleando hasta las lámparas. Con el segundo temblor se le disiparon las dudas de que se trataba de un seísmo. (Continúa leyendo)

Nuevo relato

LA MIRILLA
Tras la muerte de mi tío Emilio adquirí diez libretas cuadriculadas que le habían servido de diarios en sus 47 años de agorafóbica vida. Me han cabido en este folio los pocos acontecimientos memorables de sus tímidos diarios: (SIGUE LEYENDO)

Día del libro

Ya que es hoy el Día del Libro, he aquí mi aportación:

Eres la metadona
que me anestesia
y condena
a como muero matar.

No es tu canibalismo
tan feroz como en aquella
de quien mis pasos escapan.
Despacito tú y yo
nos devoramos.

(Continúa)

Un adelanto gráfico de Una sierra para cortar cabezas

Poesía: Hoy

El sueño borra mis errores y pecados
con él desaparecen también mis aciertos.
Esta mañana amanezco
en blanco, afronto el hallazgo
de mi presente no escrito.

Hoy nazco entre sábanas
me invento a mí mismo
y tan sólo me responsabilizo
de lo que resta hasta mañana.

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Inicio Una sierra para cortar cabezas

Este es el inicio de Una sierra para cortar cabezas, la segunda parte de Crónicas del fin de un mundo que he terminado de escribir recientemente y tengo todavía en proceso de escritura y corrección, calculo que para el próximo verano estará terminada y a la venta.

Ya se acerca, ¿qué pretende hacerme? Mira la máquina que me acompaña, comprueba mis constantes ¿Qué trama? Veo y oigo, pero apenas puedo moverme ni hablar, como mucho retorcerme y gemir. Atado y amordazado llevo la pupila a la esquina de mi ojo y compruebo que mi compañero está en similares incómodas circunstancias a las mías. El señor postrado a mi vera no se encuentra, en cambio, exactamente igual que yo, sí en la postura y ataduras, no en la actitud. Parece menos despierto, más drogado y ausente. Claro, es por el dolor que le ha drogado, supongo.

Ese que nos mantiene atados nos habla, le reconozco, ¿cómo pude fiarme de él? Dios… le estrangularía, pero no puedo ni menearme, las correas me cortan la circulación. Maldito sea, maldito seas. ¿Cómo pudo engañarme así? Mi ambición… Nunca debería haber aceptado un trabajo tan arriesgado… pero… joder… demasiado dinero como para rechazarlo... Tres mil euros, así sin más, sólo como anticipo, sin tener que mover un dedo. Nadie te da tres mil euros porque sí, por tu cara bonita… así es como mordí el anzuelo… Dinero en efectivo, en billetes de cien y de quinientos.

Nuevo relato: Nuestras caídas y levantares

En nuestro primer encuentro Alicia vio más de mí de lo que yo hubiera deseado. Vio una parte de mi interior. No estoy hablando en sentido metafórico, vio mi peroné asomando blanquecino y rojizo.
Sucedió a las tres de la madrugada, cuando preparaba un salto desde un balcón de un entresuelo al que había trepado, hasta el balcón de enfrente, con el objetivo de colgarme con las manos. Fallé por muy poco. Mis manos se cerraron en el aire, a unos centímetros del objetivo, no atrapando nada más que a ellas mismas.
No pude rectificar la caída ni protegerme con los brazos, desequilibrado terminé rompiéndome. El sonido del golpe y mis gritos de dolor despertaron a una buena vecina anciana que llamó a la ambulancia, de la cual descendió una angelical Alicia.
Continúa...

Nuevo relato (La última foto)

La última foto que tenemos juntas nos la hizo papá el día que murió y tu no parabas de llorar de camino al hospital. Hoy son las doce de la noche y en el momento en que te escribo esta carta estreno mi mayoría de edad. Tengo dieciocho años y me he pasado la noche mirando la última foto en que salimos las dos, solas, y me abrazas. Casi no nos reconozco, me parece que son otras dos personas, felices, como si nosotras nunca lo hubiéramos sido. Recuerdo casi todas las pequeñeces importantes de mi infancia pero no logro recrear en mi mente cómo era aquello de reír constantemente y sentirme feliz. Te he metido la foto dentro del sobre, está un poco descolorida, de manoseada. Debió de ser la foto número mil que papá nos hizo, hacía sólo unas semanas que se había comprado la polaroid que todavía guardo, y nos sacaba todos los fines de semana, buscaba cualquier excusa para eternizarnos a nosotras, o a cualquier paloma o bichejo que se le cruzaba.
(continúa en Relatos)

Lectura de un fragmento de A Oscuras

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